Que el 23-F es un tema polémico donde los haya, donde la información que se publica al respecto está plagada de claroscuros, es vox populi. Es cierto que probablemente, una gran mayoría de españoles se cree a pies juntillas la explicación oficial, el papel del Rey como garante de la democracia y todo el relato tradicional del suceso. Pero no es menos cierto que los últimos escándalos de la Casa Real han despertado nuevamente las conciencias de la población en lo que a la monarquía respecta, y el golpe de estado del 81 es una parte fundamental de su historia reciente, por lo que las dudas y la sospecha vuelven con fuerza.
Jordi Evole tuvo la valentía (o la osadía) de publicar un falso-documental al respecto, que plantea una explicación ficticia salpicada con sospechas e informaciones reales, con la colaboración de periodistas y políticos de cierto renombre en lo que llamaron un experimento social. Con una promoción brutal, el especial sobre el tema (que no forma parte de Salvados) fue un éxito absoluto de audiencia e incendió la red con incontables comentarios tanto a favor como en contra. Desde insultos de mal gusto hasta loas a la creatividad del autor, la red fue un hervidero de discusiones, tweets y comentarios incendiarios.
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Jordi Evole, autor del programa |
El hecho de tratarse de una cuestión nada baladí (a fin de cuentas, aquellos sucesos y su resolución forman parte de las bases de nuestro sistema actual) de la que sigue habiendo documentos clasificados fuera del conocimiento público, hace que la gente esté a la espera de un análisis serio del mismo. Por eso, Jordi Évole y su equipo se la jugaron, ya que muchos esperábamos un reportaje que mostrase algo de luz. Guste o no guste, el anquilosado y absolutamente partidista (y a mis ojos, añado, desprestigiado) periodismo actual está lejos de servir para aquello para lo que se supone surgió, y su papel lo ha cogido el equipo de Salvados: no nos engañemos, sus programas y reportajes, en muchas ocasiones, son más periodísticos que los propios reportajes de la prensa o la televisón habitual. Jordi Évole representa en cierta forma los ideales del periodismo que los propios mass-media han abandonado (o al menos, parcialmente). La gente quiere respuestas, y miraba al especial anunciado por Évole (con su merecida reputación, gracias a su trabajo en Salvados) con esperanza de ese análisis tozudo y concienzudo del que se nos ha privado hasta ahora. En ese sentido, es comprensible que la gente se indigne: la ciudadanía quiere respuestas que nadie da.
Además, el hecho de tratar un tema así con esa frivolidad, de alguna manera es una losa en contra de cualquier explicación más allá de la oficial, a todas luces incompleta. Mostrar en un documental que el golpe estaba preparado desde las propias instituciones del Estado para luego decir que toda esa información era un montaje/experimento, puede reforzar directa o indirectamente la versión oficial de que no lo fue. No sé si premeditado o no, pero no se puede negar que para una parte de los espectadores, la versión oficial ha salido reforzada tras este documental.
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La versión oficial ensalza la figura del Rey |
Así las cosas, y como claro ejemplo, tenemos el caso del conflicto en Ucrania. Bien es cierto que en la prensa mayoritaria española existe un único discurso de que son manifestantes luchando por la democracia para retirar a un régimen corrupto, sin planteamientos alternativos ni críticos. Desde un tono neutral se comenta que el nuevo Fiscal General del Estado ucraniano ha realizado una petición de busca y captura del ya ex-presidente Viktor Yanukovych... pero dejandose en el tintero algo tan relevante como que el nuevo ministro pertenece a un partido xenófobo y filofascista. No es lo mismo decir que 'el nuevo Fiscal ucraniano, miembro del partido ultra/fascista, pide la búsqueda y captura del depuesto presidente', que 'El fiscal general del estado ucraniano ha ordenado la búsqueda del depuesto presidente', ¿verdad?
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Símbolos de Svodoba, partido fascista ucraniano, y del colaboracionista nazi Bandera |
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