La mecánica del juego es sencilla: siguiendo el ritmo marcado por la música, hay que pulsar los botones en el orden correcto. Esto que a todas luces puede parecer simple y aburrido, es en realidad endemoniadamente adictivo. Lo mejor de todo es que las canciones no están predefinidas, sino que el juego lee los mp3 que tengas en la memory stick, y crea la partida (y los niveles) en función de dichas canciones. Sí, como lo lees: lo mismo te crea un nivel para el tema más bestia de Emperor, que para el más moña de Europe. Como si quieres meter el cumpleaños feliz o villancicos navideños. Todo ello con un acabado gráfico simple pero a la vez muy elegante, bonito y cargado de colores.

Además, el juego permite crear tus propias canciones, y aunque este modo es más rudimentario (se trata de encadenar samples predefinidos) también tiene su adicción. Y por si fuera poco (que no lo es), se puede jugar vía infraestructura (a.k.a. modo online) y participar en competiciones con gente de todo el mundo.
El juego está haciendo furor en EEUU y la verdad, no me extraña.